“Hoy” es el contexto de “carisma” aunque el evento se
convierta en pretérito cuando se hace historia, o en futuro cuando se
mira como esperanza, pero carisma solo tiene sentido en el presente. Timoteo
es exhortado a cuidar en un “hoy” el don de Dios que recibió
en un “ayer”. No descuides el don que está en ti, que te
ha sido dado por medio de profecía, con la imposición de las manos
del concilio de ancianos. (1ª Tm. 4:14). Esto significa que el don de Dios
o carisma nos es concedido pero va cambiando o renovándose en la aplicación
y vida de un “hoy”. Esta realidad tiene una significación
muy profunda en el cuerpo de Cristo, la iglesia, y en su adecuado crecimiento,
por lo que intentaré aproximarme a un desarrollo de esto.
El objetivo de este C.E.T. de la Comunidad Evangélica Bautista de Madrid es prepararnos mejor para soportar o recibir adecuadamente el crecimiento (crecimiento en dimensiones espirituales) que Dios quiere darnos (nos lo da Dios pero Él nos usa para que lo cuidemos nosotros). Hay una gran necesidad no solamente de preparar a los líderes de las iglesias (en un principio este era el enfoque de los CET`s, pero ha cambiado de proyección porque por medio de la misma realidad Dios nos ha enseñado que eran también aquellos que no se consideraban como líderes los que respondían a una formación mejor), sino a prepararnos todos a ser “más líderes” en nuestra responsabilidad con el Señor. “Carisma” (como manifestación del E.S.) es vital para el crecimiento de Dios.
Raramente se encuentra el término “carisma” en el griego clásico; aunque sí aparece en el koiné, sin embargo Williams Barclay nos dice que fuera del Nuevo Testamento no es común (Barclay, W. Palabras Griegas del Nuevo Testamento. Editorial C.B.P., 1.979 P. 48). Para dar se utilizan otros términos como “doron” o “doreá” (donaciones de personas), pero “carisma” se reserva más a Dios.
1.1. TÉRMINO MANIPULADO 1.2. UN CONCEPTO EQUIVOCADO
Las iglesias también nos hemos confundido, o no hemos aclarado la confusión
ya existente en el tratamiento que en ciertos momentos hemos dado a este concepto,
y por ello entiendo que también hemos podido estorbar al crecimiento
de Dios.
1.2.1. UNA PERSPECTIVA EGOÍSTA
Se ha presentado un “carisma en un presente histórico”, es
decir un título determinado al que una persona debe de aspirar para identificarse
como poseedor del mismo, muchas veces sin ver la realidad carismática
para un hoy de servicio a Dios. No podemos hablar de un “carisma”
manejado por nosotros a nuestra manera y de forma limitada según nuestro
criterio; de esta forma creo que descuidamos los dones o hacemos que se conviertan
en algo vano. La ley entró para agrandar la ofensa, pero en cuanto se
agrandó el pecado, sobreabundó la gracia (acción de Dios
y no solamente actividad humana); para que así como el pecado reinó
para muerte, así también la gracia reine por la justicia para
vida eterna, por medio de Jesucristo nuestro Señor. (Ro. 5:20-21). Así
constantemente hemos oído hablar de “mi don”, pero precisamente
cuando axiomáticamente hablamos de “mi don” deja de ser don
de Dios. Esto también ha creado muchos problemas en personas que no han
asumido esto adecuadamente.
1.2.2. UNA PERSPECTIVA EQUIVOCADA
Lo anterior, es decir, un sentido egoísta lleva a una
concepción equivocada de lo que son los dones de Dios para vivir el crecimiento
de Su obra. Hemos visto a una persona con cierto desparpajo en la política
y automáticamente se le ha reconocido como un buen presidente, o encargado
de ciertos grupos de personas. Se ha acercado a la iglesia alguien que no tiene
ninguna vergüenza para relacionarse con la gente y hemos querido reconocer
el don de evangelista. Se ha convertido una persona muy tímida o introvertida
y nos hemos pronunciado en reconocimiento de que tiene el don de pacificador.
Alguien se ha atrevido a pronunciar ruidos extraños y se ha pensado sin
más que habla en lenguas... Ser pedagogo no es tener el don para enseñar;
ser un experto predicador muy conocedor de las técnicas más modernas
en la homilética no es garantía de tener el carisma de la predicación.
Primero se forma el diamante y luego se pule. Una piedra por más que
se pula no llega a ser diamante. Y lo importante no es ser diamante o esmeralda,
sino ser lo que Dios quiera que seamos como parte del cuerpo y pulirnos sobre
la base de esto de la mejor manera.
Para el crecimiento del pueblo de Dios la respuesta es carisma, porque carisma
es “la gracia”, la manifestación, el poder de Dios conformado
para salvación de este mundo. “Carisma” es el concepto de
aquello que solamente Dios nos da sin merecerlo y con un propósito determinado
dentro de la gran empresa de salvación. Cuando abunda el pecado del hombre
la respuesta no es la fuerza del hombre deteriorada y defectuosa, sino la acción
y manifestación de Dios, sus dones a través de nuestras vidas.
Ni tampoco es la dádiva como el pecado de aquel uno; porque el juicio,
a la verdad, surgió de una
sola ofensa para condenación, pero la gracia surgió de muchas
ofensas para justificación. Porque si por la ofensa de uno reinó
la muerte por aquel uno, cuánto más reinarán en vida los
que reciben la abundancia de su gracia y la dádiva de la justicia mediante
aquel uno, Jesucristo. (Ro. 5:15-16). Porque la paga del pecado es muerte; pero
el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.
(6:23).
2.1. ALGO QUE SOLO DA DIOS
Los dones espirituales son de Dios en nosotros para Su servicio. Entender además
que los dones espirituales no solamente se entienden como dados por el E.S.,
me parece que también es importante. Todos nos acordamos del texto que
nos dice que el E.S. da los dones como Él quiere, pero debemos de recordar
que el Padre nos da en Cristo al E.S. y que los dones son una consecuencia de
vivir a Dios de esta manera. Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene
de lo alto y desciende del Padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra
de variación. (Sant. 1:17). Más bien, quisiera que todos los hombres
fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don procedente de Dios: uno de
cierta manera, y otro de otra manera. (1 Cor. 7:7).
2.2. ALGO QUE SE RECIBE DE UNA MANERA DETERMINADA
La forma carismática en la que Dios se manifiesta en nuestras vidas se
da cuando confluyen los tres aspectos que nos predisponen para vivir en el poder
de Dios soportando así el crecimiento que Él quiere darnos. Esto
son: la iglesia, el temor de Dios, la santificación. Así lo vemos
en el día de pentecostés y en el crecimiento adecuado de la iglesia
del Nuevo Testamento.
2.2.1. LA IGLESIA
El don de Dios en Timoteo fue recibido mediante el presbiterio, es decir, hay
un contexto eclesial. La iglesia es el medio donde en la disciplina de Dios
nos ejercitamos. Los dones se dan en el Cuerpo de Cristo para edificación
de la iglesia la cual tienen el propósito salvífico en Cristo.
Cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como
buenos administradores de la multiforme gracia de Dios (1 P. 4:10); Así
también vosotros; puesto que anheláis los dones espirituales,
procurad abundar en ellos para la edificación de la iglesia. (1Cor 14:12).
2.2.2. TEMOR DE DIOS
El temor de Dios supone la valoración de las cosas de Dios por encima
de todo. Lo hacemos todo para nuestro Señor y así Él es
más que una prioridad en nuestras vidas, es nuestra misma vida. Entonces
por toda Judea, Galilea y Samaria la iglesia tenía paz. Iba edificándose
y vivía en el temor del Señor, y con el consuelo del Espíritu
Santo se multiplicaba. (Hech 9:31).
2.2.3. SANTIFICACIÓN
Por último los dones que Dios da a su iglesia no nos hacen perfectos,
por lo que los dones son instrumentos de servicio de Dios que deben estar acompañados
de un sentido personal de que el Dios de los dones nos perfeccione, nos santifique,
reconociendo que todos tenemos necesidad de todos. Los dones no marcan una jerarquía
de valoración divisoria, sino nuestra dependencia de Cristo, y en Cristo
para como iglesia servir a Dios.
La formación en las distintas disciplinas de la Palabra de Dios, nos ayudarán a tener un sentido más claro de la manifestación del Señor en nuestras vidas. Hoy más que nunca el mundo necesita ver ese “carisma” que solamente puede dar Dios. Cuando el “hoy” de estos momentos tiene sabor a un tercer milenio lleno de las consecuencias del pecado, es importante que nos preparemos de la mejor manera para manifestar la dádiva, el “carisma” de Dios que es vida eterna.
Juan Manuel Quero Moreno